viernes, 18 de abril de 2014

Familia

Pues volvemos a las actualizaciones. A ver si con un poco de suerte vuelven a ser regulares. De una vez a la semana, por lo menos. Este es un poco mas cortito de lo esperado, pero bueno. Digamos que es el calentamiento antes de ponerse "en serio".

Un muchacho, de unos dieciocho años, descansaba tirado en el sofá. Miraba la tele, pero realmente no estaba prestando atención. La voz de su hermana menor le saco de su ensimismamiento.

-Llévale esto a Raúl.

Parpadeo y se levanto del sofá. Su hermana no solía hablar mucho. Había llegado a tirarse semanas sin oírla decir absolutamente nada. Así que en cierta forma, cada palabra que decía era importante. Se acerco a la cocina, donde estaba ella, y la observo un momento.

Era un poco alta para sus quince años, aunque aun estaba casi sin desarrollar. Su cuerpo infantil estaba cubierto con un vestido blanco, largo y sin pretensiones. Poco mas que una tela cosida para no caerse. Pero lo que mas llamaba la atención era su cabeza. Hacia dos semanas, ella había mostrado un largo pelo negro. Pero un día, sin mas explicación que "era una molestia" se había rapado la cabeza con una maquinilla de afeitar.

Suspiro y se acerco a recoger el plato de sopa que había servido. Siempre había sido rara, pero no tenia problemas para aprender o hacer cosas. Si solo hablara mas, o no tuviera aquella extraña mirada, seria normal.

-Cuidado no te quemes - le dijo antes de darle un beso en la sien. No esperaba respuesta. Se dirigió a la habitación que le habían dejado a su primo, no sin cierto cansancio.

Había llegado el día anterior, balbuceando algo sobre un gigante y una demonio. Posiblemente se hubiera metido algo. Era un chaval problemático. Incluso había estado un par de veces en el reformatorio por robos. No seria de extrañar que le hubiera dado por probar las drogas.
Entro sin llamar. Era su casa después de todo.

Allí estaba Raúl, tumbado en la cama, encogido y asustado. Al menos cuando le miro, le reconoció y fue capaz de sentarse y mantener una conversación coherente. Era un comienzo, pero todavía no le interrogo sobre lo sucedido.

Era un caso perdido, y lo único que le impulsaba a seguir cuidando de el, era el lazo familiar. De no ser por eso, le hubiera abandonado hacia mucho. Por mas oportunidades que se le habían dado, Raúl seguía atracando, intimidando y quemando cajeros y papeleras. Ese tipo de gente estaba mejor muerta.

Pero era familia.

martes, 11 de febrero de 2014

No se si cortarme las venas, o dejármelas largas...

Básicamente, esto es un copypaste del blog de subcultura, donde cuelgo los cómics y tal. Iba a subir allí lo mismo que aquí para tener algunos comentarios mas, y así trabajar con mas ganas. Pero... bueno, el resto se explica en la propia entrada.

Si, ya se que dije que iba a subir los relatos aquí y demás... Pero tengo un problemilla. Hace, exactamente una semana, mi madre me ha metido en casa a un matrimonio búlgaro de indigentes. Siendo la segunda vez que los veía.

¿Que por que eso es un problema? Por que tenia intención de empezar a subirlos cuando subiera el siguiente al blog. Y entre tensiones de tener desconocidos en casa que apenas comprendo, con un horario extraño, sin mucho respeto por los vecinos (son capaces de poner la lavadora a las dos de la mañana...) y problemas anteriores, que no creo que interesen a nadie, no he sido capaz de ponerme a escribir. No puedo. Ni practicar dibujo, ni leer, ni escribir, ni casi salir con mis perras (una de las cuales, entro en la familia por que este matrimonio no podía mantenerla... Pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión)

No me atrevo a dejarles solos en casa. No puedo concentrarme cuando ellos están. Duermo mal... en definitiva, mi vida la ultima semana ha sido un puñetero caos, y tiene pinta que seguirá así al menos unas pocas semanas mas...

Así que voy a subir el primer "capitulo"* en unas horas, mañana el siguiente, y así hasta que se acaben. Con un poco de suerte, seré capaz de escribir algo antes de que se agoten. Pero no aseguro nada. Gracias por vuestra comprensión.



*Lo de capitulo, es que cada actualización es una escena de la misma historia, que escribo sin pensar.

jueves, 30 de enero de 2014

El cliente.

Lo siento. Mala racha  de cosas. Ya se que no es excusa pero vamos, que las actualizaciones se van a resentir un poco. Que poco he "durao" con la constancia.

Era un hombre de mediana edad, alto, espigado. Vestía con un traje de inmaculado blanco, haciendo girar un bastón con empuñadura de marfil y oro, mientras silbaba una canción infantil. Todo en el tenia aspecto de caro. El anillo de su dedo, el reloj de su muñeca, la ropa nueva con la que se cubría el cuerpo, los zapatos que llevaba. Todo ello daba la sensación de poder alimentar a varias familias de clase media si se vendía. Caminaba dando zancadas despreocupadas, alegre y tranquilo. La piel morena contrastaba contra el blanco impoluto de la tela, así como el gris de la calle. Gris el asfalto desgastado. Gris el cielo encapotado. Grises los edificios ajados. Gris la acera vieja y rota. Grises las personas con las que se cruzaba, que le dedicaban miradas de desconfianza y de estar sopesando si valdría la pena atacarle y robarle lo que llevara encima.

Grises también los ojos con los que se encontraban los mas atrevidos. Grises como el acero de una espada, e igual de penetrantes.

El hombre se detuvo en el edificio mas viejo, de la calle en peor estado, de la zona mas pobre de la ciudad. Suspiro y negó con la cabeza con una sonrisa.

-Este hombre... - dijo para si, antes de llamar al telefonillo. Lo único que tenia aspecto de nuevo en aquel edificio de ventanas rotas, y fachada que se caía a pedazos. Espero unos momentos, antes de que le respondieran.

-¿Si? - sonó la grave voz de Abel Wood al otro lado.

-Buenos días ¿Podemos hablar? - pregunto alegremente.

Toda la respuesta que necesito fue el sonido de la puerta desbloqueándose frente a el. Abrió y por primera vez su sonrisa se torció un poco al ver el suelo del interior. Estaba incluso mas sucio que el de la calle. Resoplo con desdén y trato de no pensar en que demonios estaría pisando, mientras entraba mirando al frente. Chasqueo la lengua al ver que no había ascensor. Como no. Miro con cierta desconfianza las escaleras destartaladas, que parecían que se derrumbarían en cuanto pusiera un pie en ellas. De hecho, un tramo de la barandilla estaba ya en el suelo, oxidado y retorcido. Tomo aire profundamente y empezó a subir, paso a paso, atento a cada crujido de los pequeños escalones, aferrando con fuerza su bastón hasta que los nudillos estuvieron tan blancos como la  manga de su traje. Se tomo un descanso en el primero, y miro hacia arriba.

-Maldito Abel... - murmuro para si, convencido de que lo había hecho aposta.

Para cuando llego al tercero, el piso de Abel, su traje blanco ya no era tan blanco. Se había manchado con la barandilla metálica y oxidada, y le había caído pintura oscura del techo. Ademas, en un momento dado había tropezado y por poco caía por el hueco de la escalera. Se limpio lo mejor que pudo mientras se dirigía a la puerta. En cuanto la golpeo, esta se deslizo hacia atrás mostrando el vestíbulo. Estaba abierta.

Paso a la casa, con nada mas que lo necesario, sin ningún cuadro ni adorno, ni nada superfluo.

-¿Señor Wood? - llamo, notando las manos húmedas, y todos sus sentidos alerta.

Una enorme y endurecida mano salio, aparentemente, de la pared. El hombre soltó un chillido, saltando hacia atrás y esgrimiendo el bastón como si fuera un arma. Tardo un momento en darse cuenta de que la mano era la del hombre que estaba buscando, y que le estaba tendiendo una taza de café. La acepto intentando tranquilizarse.

-Solo, sin nada de nada ¿verdad? - pregunto el gigantesco hombre, antes de que su brazo desapareciera.

Su invitado avanzo unos pasos, descubriendo la puerta de la cocina, que quedaba oculta al quedar en un extraño desnivel de la pared. ¿Era eso un entrante, o es que el vestíbulo y ese pedazo del pasillo estaba en un saliente?
Se obligo a apartar aquella estúpida duda de su mente y entro en la cocina. De nuevo, lo básico e indispensable. Cocina de gas, nevera del siglo pasado, una mesa de madera que necesitaba un buen barnizado, y un par de sillas viejas. Al menos las sillas si parecían de madera solida y resistente.

Y en mitad de la cocina, apoyado en la pared, en calzoncillos, sin afeitar y con el largo pelo revuelto, estaba Abel Wood con otra taza de café.

-Tiene...buena memoria, señor Wood - quiso iniciar una conversación, completamente descolocado. ¿Que clase de hombre recibía a un invitado de aquella guisa?

-Solo para algunas cosas - respondió su interlocutor antes de darle un trago a su taza.

Hubo un instante de silencio.

-Eh... su casa es muy... pintoresca - intento ser amable el hombre de blanco.

Wood bostezo sin cortarse un pelo.

-Corta el rollo, Ricardo - le pidió con tono aburrido, antes de rascarse el pelo revuelto - Si estas aquí, solo es por una cosa.

Ricardo rió aparentando despreocupación y se encogió de hombros.

-Directo a los negocios, como siempre, señor Wood... - dijo antes de sentarse en una de las sillas con una enorme sonrisa falsa. - Muy bien... hablemos de negocios.

sábado, 18 de enero de 2014

El enfrentamiento.

Y aquí esta la razón por la que me detuve en ese punto el capitulo anterior. No estoy demasiado contenta de como me ha quedado... pero bueno. Hay que actualizar, y ya iré mejorando. Nota graciosa. El corrector me corrige "Abel" por "Apple".

Opiniones, comentarios, criticas y demás son bien recibidas. Si las dejáis, claro. Si no, no. 


Se detuvieron a la sombra, bajo el toldo de una tienda. Jesica se estiro y aprovecho para mirar los precios en los que los muchachos les alcanzaban. Abel espero tras ella pacientemente, cruzado de brazos. Como si todo fuera algo casual y normal. Dejó que sus perseguidores le rodearan, y cuando sacaron las navajas, se encaro con el que parecía mayor. Ni si quiera le llegaba al pecho.

-¡Eh tu! - le increpó el chico, sosteniendo la navaja con el brazo alargado hacia el. La adrenalina corría por sus venas, haciendo que le sudaran las manos. Su nerviosismo había estado creciendo mientras le seguían esperando su oportunidad, y ahora parecía apunto de estallar.

-¿Si? - respondió el enorme hombre con toda la calma del mundo, como si no estuviera rodeado de varios chicos armados y dispuestos a apuñalarle. O como si el hecho no fuera más relevante para el que un bicho del suelo.

-¡Danos la pasta! - le exigió el adolescente, agarrando con mas fuerza la navaja. Le cabreaba. Le cabreaba aquella mirada tranquila. Le cabreaba que no hubiera descruzado los brazos. Le cabreaba que no se alterara lo mas mínimo. Que pareciera que no le importase que le estuviera amenazando. - ¡Vamos! - le metió prisa. Le apuñalaría de todos modos. Lo decidió en un instante, manteniendo aquel duelo de miradas con toda su rabia.

-No - respondió Abel. Y eso enfureció aun mas a su atracador.

Odiaba a aquel tío. ¿¡Quien se creía hablándole así!? Como si fuera un crió que tiene una rabieta. Era un prepotente. Uno de esos que se creían que todo lo sabían, que podían juzgar todo lo que hacia y decía.

-¡Dame la pasta o te saco las tripas! - le espeto. Sus compañeros dudaron, un poco atemorizados por la situación. Ninguno de ellos tenía pensado realmente hacer daño a aquel hombre. Solo querían algo de pasta. Comprar alcohol, maría… esas cosas. Pero aquello parecía que iba en una dirección que daba miedo. - ¡Puedo hacerlo! ¡Y como soy menor no me harían nada, vejestorio!

-Tal y como sujetas la navaja, no creo que pudieras clavársela ni a un elefante.

Aquello fue la gota que colmó el vaso. Sin pensarlo dos veces, el chico se dejo llevar por la rabia y atacó, avanzando con la navaja por delante.

Abel le desarmo de un manotazo, y le agarró del otro brazo para impedir que se fuera al suelo tras chocar con el.
Se hizo el silencio. Sus compañeros, incrédulos, bajaron las armas lentamente, mientras su supuesta víctima les miraba interrogante. No con preocupación, si no simplemente con curiosidad. Como preguntándoles si iba a tener que hacer lo mismo con ellos, pero sin preocuparse realmente por si le atacaban. Podía con ellos. Algo dentro se lo decía cuando le miraron a los ojos. No podían enfrentarse a ese tipo. Simplemente estaba fuera de sus posibilidades.

-¡Eh! ¡Cobardes! - les acuso el muchacho que aún estaba sosteniendo a Abel - ¿Que estáis haciendo?

-Lo siento Raúl… - se disculpó el más joven, antes de guardarse la navaja y salir corriendo. El resto del grupo lo imitó, dejando a los tres a solas.

No se lo podía creer. Le habían dejado solo. Solo. ¡Cabrones! ¡Hijos de puta! Después de todo lo que había hecho por ellos, ¿así se lo pagaban? Se revolvió, intentando soltarse, pero aquel hombre tenía un agarre de acero. Sus dedos no iban a moverse.

-¡Suéltame! - le ordeno al enorme hombre, buscando frenéticamente su navaja. Le costo, pero la vio a varios metros, en el suelo. Lejos de su alcance.

-¿Quieres dejarte los dientes en el suelo? - pregunto Abel con tranquilidad, lanzandole una mirada severa. Después, miro a su acompañante, que le miraba con reproche. - ¿Que? - pregunto desconcertado.

-Eres increíble… - protestó la mujer con un mohin de disgusto - Te amenaza, te intenta robar, te ataca… ¿Y ni si quiera vas a darle una paliza? ¿O a joderle el cerebro?

Abel frunció el ceño, lanzandole una mirada molesta y enfadada.

-No - fue su respuesta seca y cortante.

Aquello era el colmo. No solo le juzgaba. No solo le humillaba. No solo hacia que sus compañeros le abandonaran. Encima, le ignoraba. Iba a matarle. Si tuviera una pistola, le dispararía ahora mismo a la cabeza. Hasta quedarse sin balas. Para dejarle muerto y bien muerto. Si solo tuviera un arma de verdad…

Parpadeo al darse cuenta de que le había soltado en cuando se había quedado quieto. Levanto la mirada, solo para ver que aquel tío le había dado la espalda. La rabia volvió a bullir en sus venas. Salto a por su navaja, con intenciones de atacarle por la espalda.

En cuanto sintió los dedos cerrarse entorno al metal sonrió, y embistió como un toro, usando toda su fuerza, pretendiendo clavar la navaja tanto como pudiera.
Se detuvo a media carrera.
La mujer, mas baja incluso que el, se le había puesto en medio. Sus ojos castaños tenían una mirada que le taladró el cerebro. No podía moverse. No podía gritar. Una presión cada vez más fuerte se dejaba sentir en el centro de su cerebro. En un segundo, la cabeza le iba a estallar. Ni si quiera podía preguntarse que pasaba. Solo sentir miedo y dolor, mientras el mundo entero desaparecía, desdibujándose.

Fue vagamente consciente de oír la grave y potente voz de bajo del hombre. Cuando se recuperó, estaba en el suelo de rodillas, con la mirada en el suelo, temblando y sudando. Y no había ni rastro de aquellas dos personas. Tragó saliva, mirando alrededor, aterrorizado como un crió. Tardó todo un minuto en lograr ponerse en pie, y otro más en emprender el viaje hacia su casa, confundido y desorientado.


Jesica caminaba encogida junto a Abel, con un brazo doblado contra el cuerpo, mirándole de cuando en cuando con miedo y sin atreverse a decir nada. Parecía que lo tuviera lesionado.  No tentaría mas a la suerte. No todos los días se podía ver a Abel Wood en acción. Y aún menos, contar que te habías enfrentado a el.


lunes, 13 de enero de 2014

La reunion

La verdad es que esto me esta gustando. No tengo nada planeado, solo escribo y sigo la historia como sale. Y procuro no imaginarme nada, por que una vez se lo que va a pasar pierdo el interés y las ganas de escribir. Hasta que coja un horario, y cierta disciplina, es mejor que tenga ganas. Este es un poco mas largo que el anterior. De hecho, pensaba seguirlo pero me he dado cuenta de que entonces quedaría excesivamente largo. No estoy muy segura de haberlo dejado en buen sitio pero es lo que hay.

En fin, tomatazos, halagos y comentarios serán bien recibidos.


Llamaba la atención. Lo sabia. Era un hombre de dos metros, con bíceps mas grandes que la cabeza de más de uno y vestido con ropa desgastada, que parecía de segunda mano. ¿Como no iba a llamar la atención? Encima en aquel mar de gente que se movía a su alrededor. No le gustaba estar entre tanta gente. No es que odiara las multitudes, pero no eran santo de su devoción. Y allí estaba, en mitad de una con el sol cayendo perpendicularmente sobre el asfalto, iluminando los edificios de oficinas grises que tenia alrededor.


Algo incómodo, se deshizo la coleta y volvió a hacérsela, sin apartar su ancha espalda de la pared. Miro a un lado de la calle, y luego al otro. Veía muchas cabezas, pero no la que esperaba. Resoplo, mirándose las botas y luego al frente, con el ceño fruncido. ¿Donde se había metido? Por enésima vez en los últimos diez minutos, miró su reloj de pulsera. Era lo único de su vestuario con aspecto nuevo. E incluso, y contra todo pronóstico, era caro. El platino resaltaba contra su piel morena, lanzando algún destello cuando el sol le iluminó. Negó para si con la cabeza, bajando el brazo y la manga, volviendo a ocultarlo.


Frente a él, al otro lado de la carretera, unos chavales habían visto el reloj. El más joven no debía de haber cumplido aún los catorce, y el más mayor no superaba los diecisiete. Lo hablaron entre ellos, y valoraron sus opciones. El reloj era valioso. Pero, aquel hombre, enorme y claramente más fuerte que todos ellos. Aunque contaban con la superioridad numérica, y con sus navajas de mariposa, no terminaban de estar seguros si podría intimidarle lo bastante para que les diera aquel reloj. O si conseguirían darle un navajazo antes de que les partiera las costillas a alguno de ellos.


Mientras tanto, el hombre al que pretendían atracar continuaba esperando. O mas bien, desesperado. La siguiente vez quedarían en un bar o en un parque.


-Siempre igual… - protesto para si - Siempre tarde… - se apartó de la pared y volvió a mirar a su alrededor.


La vio cuando faltaba menos de un metro para que le alcanzara. A pesar de que la mujer sonrió, el pareció querer asesinarla con la mirada.


-Llegas tarde - le echó en cara.


-Perdone que no todos tengamos esas largas piernas, Sr. Wood. -respondió ella con cierto humor ácido, sin detener su caminar.


El hombre trato de caminar mas o menos al ritmo de su acompañante, pero era difícil. El media dos metros. Ella apenas sobrepasaba el metro y medio. Tenía que hacer un gran esfuerzo para caminar despacio, ya que una sola de sus zancadas, eran tres o cuatro pasos de ella.


Pero ese no era el único contraste entre ellos. Donde el tenia el pelo negro, largo y atado, ella lo tenía corto, rubio, suelto y con un pedazo teñido de rosa casi fluorescente. El era de rasgos toscos y duros, bastante poco atractivo, y ella de rasgos dulces, redondeados y atrayentes. El iba vestido con ropa desgastada, algo descolorida, ella iba vestida con ropa nueva de colores llamativos.

También la actitud era opuesta. Mientras ella caminaba gesticulando y sonriendo, el lo hacia con el ceño fruncido y las manos en los bolsillos.


-Así que vas a coger un aprendiz - comentó la mujer despreocupadamente, mientras se movían por la ciudad bañada por el sol.


Wood la miro.


-¿En serio? - pregunto, incrédulo - ¿Vamos a hablarlo aquí, en la calle, a plena luz del sol?


-Claro. -respondió la mujer despreocupada - No tenemos por que esconderlo. - aseguro. - ¿O es que esperabas que te llevara a cenar con velitas primero? - añadió antes de reírse.


-Uno pensaría que hablar de espíritus animales, poderes psíquicos, reencarnaciones, vampiros y una organización desconocida para la mayoría de la gente, entre otras, se haría en privado. No en mitad de la calle - dijo en tono de protesta. Era lo lógico al fin y al cabo.


-Uhh… ¿Somos una organización? - quiso provocarle la mujer, antes de reírse suavemente al verle poner los ojos en blanco de la exasperación - Tranquilo, grandullón. Tampoco es que seamos un secreto. No nos escondemos. Solo es que no nos conocen.


-Y si nos conocieran nos catagolarian como una religión o una secta - añadió Wood negando con la cabeza.


-Por que no se creerían la mitad de las cosas que… - empezó con cierto desdén - ¡Oye! - protesto tras un momento - ¡No me cambies de tema! - le recrimino, dándole un manotazo en el costado - Tu. Aprendiz. ¿Como lo vas a hacer?


-Yo que se… - le respondió con desgana. Sabia que estaba allí para hablar de eso, pero había acudido a regañadientes. No terminaba de gustarle la idea, mucho menos que se metieran en ello. Ya decidiría el como se las apañaría.


-Siempre puedes buscar casos de poltergeist - sugirió la mujer alegremente - Ya sabes, la mayoría de los casos son críos o adolescentes que…


-No - la interrumpió Wood - No pienso tratar con un criajo con problemas emocionales o mentales. Bastante trabajo tendré ya.


-Quejica - le acusó su interlocutora - Supongo que también te puedes poner a buscar a alguien que tenga demasiados alumnos y…


-De eso nada - refunfuño el enorme hombre, de nuevo, interrumpiendo - La mayoría de los críos de las “escuelas” - dijo haciendo el gesto de entrecomillar con las manos, aunque para eso tuvo que sacarlas de los bolsillos. - tienen el cerebro lavado.


-Y para eso mejor tener un chaval en blanco y ya lavárselo tu ¿no? - se metió un poco con el su acompañante. - Pues si no vas a investigar los casos probables para descubrir a alguien, ni vas a pedirle a alguien que te ceda a uno de sus alumnos… ¿Que vas a hacer? - pregunto, sumamente curiosa.


-No tengo ni idea… - respondió soltando un suspiro de resignación. - Por de pronto, supongo que ocuparme de esos chicos que nos están siguiendo - añadió tras un momento.


-Ah, así que te has dado cuenta - dijo la mujer divertida. - Empezaba a pensar que habías perdido facultades. Como te estas haciendo mayor…


-No soy tan viejo - protesto Wood, para mayor diversión de su llamativa acompañante - Ahora, si no te importa Jesica… ¿Que te parece si paramos en algún lado? No me gusta que me sigan.

Jesica siguió riendo, mientras se apartaba algunos mechones rosas de la cara. Esperaba ver algo más que un poco de intimidación física. Una no podía ver en acción a Abel Wood todos los días.

martes, 7 de enero de 2014

El hombre

Bueno, gente... pues parece que he cumplido. Al menos por esta semana. Quizá hasta haya otra actualización, que esto me ha quedado corto. Ya sabéis, cada comentario, critica, tomatazo y aplauso son bien recibidos.




De noche, los pasos resonaban en la calzada. Las nubes, de un artificial anaranjado por las luces de la ciudad, cubrían el cielo nocturno amenazando con una tormenta que no terminaba de llegar. Una fina cortina de agua empapaba hasta los huesos a los transeúntes imprudentes. Y en una casa desvencijada, pequeña, con olor a humedad y suelo que crujía, un enorme hombre escribía en una pequeña libreta, a la luz eléctrica de una bombilla de bajo consumo que colgaba desnuda del techo. De pelo largo y oscuro, aunque ya con alguna cana, y nariz con aspecto de haberse partido, como si hubiera sido boxeador o se hubiera metido en bastantes peleas. La luz artificial, justo sobre el, iluminaba una habitación sencilla, pero vieja, con aire provisional. Una cama de matrimonio, de colcha verdosa y agujereada, y cabecera y pie de hierro, ya algo oxidado, descansaba en medio de la habitación, ocupando casi todo el espacio junto con un armario de madera maciza, de dos puertas, con uno de los tiradores rotos y una de las puertas que no cerraba bien. El resto de hueco libre, junto a la pequeña ventana de persianas rotas y cortinas mohosas, lo ocupaba una mesa y una silla, que hacían las veces de escritorio.


Allí estaba el enorme hombre, vestido con una simple camiseta gris y unos vaqueros desgastados. Miraba el papel escrito a mano que descansaba sobre la madera vieja. El ceño fruncido, remarcaba las sombras de sus ojos hundidos. Sus dedos, nudosos y ásperos, golpeaban rítmicamente el reposa brazos de su asiento, denotando su impaciencia. Volvió a leer el papel por enésima vez, cogiéndolo con la mano izquierda y frunciendo más el ceño. Gruño, lo dejo, se levantó, volvió a coger el papel y lo volvió a dejar.


-Increíble… - refunfuño para si. Comenzó a gesticular, alzando las manos y agitándolas a su alrededor, mientras paseaba en aquella pequeña habitación como un león enjaulado. -Después de… ¡y ahora van y…! - una serie de sonidos inconexos salió de su garganta, como si hubiera olvidado como hablar. Finalmente, soltó una exclamación de rabia contenida, frustración e impotencia, dejándose caer en la cama de matrimonio. Apunto estuvo el mueble de ceder bajo aquel peso repentino. Se tapó la cara con las manos y soltó un largo suspiro, dejando ir todo su mal genio y frustración - Pero tienen razón… - admitió para sí, sin descubrirse la cara.


Se echó hacia atrás, y apoyó la cabeza en la almohada, cerrando los ojos. Fuera comenzó a llover, y el sonido de las gotas repiqueteando contra el cristal le tranquilizó. Si. Tenían razón.
Con otro suspiro, se quitó los zapatos y, tal cual estaba, se metió entre las sabanas húmedas y frías. Tenia que descansar. Iban a ser unos días duros…


Tenía que encontrar un aprendiz.

Mientras la tormenta estallaba en la calle, empapandolo todo, iluminando el cielo de un antinatural naranja con sus relámpagos, y amenazando con llevarse volando cualquier cosa que no estuviera bien anclada al suelo, el hombre se fue quedando dormido. Cada vez más profundamente, con los truenos, la lluvia y el ulular del viento como nana.

En sueños vio un enorme lobo negro, con el que corría a la par por el bosque agitándose bajo la tempestad. Y sin despertar, sonrió.

domingo, 5 de enero de 2014

Resucitando

¿Hola? ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? Joder que de polvo y de mierda tiene esto... ¿Que ha estado haciendo la señora de la limpieza?

Bueno, si alguien sigue por ahí, vengo a decir que después de un año sin saber nada de nosotras, el blog vuelve a la carga. Aunque solo sea por mi parte, tengo intención de subir al menos relatos cortos... algunos relacionados con Las Cronicas de Eleriem (relato que también voy a retomar, tranquilos) Así, para empezar bien el 2014. Mi propósito de año nuevo, es subir al menos un relato corto una vez a la semana. Empezando esta que va a entrar. ¿Lo cumpliré? ¿Si? ¿no? Hagan sus apuestas, señores y señoras.

martes, 20 de marzo de 2012

Una de Vampiros




Si, tenemos otro webcomic y venimos a anunciarlo la novedad es que para este además de subirlo a subcultura hemos creado un blog donde ya podéis ver las 4 primeras tiras y se garantiza una actualización semanal de dos tiras nuevas

Así que más spam por aquí y si alguien lee esto, nuestras historias siguen, de puntillas y a pasos milimétricos, pero ahí siguen, las musas son caprichosas y no nos dejan centrarnos en lo que debemos

http://unadevampiroswebcomic.blogspot.com.es/ 
Supongo que cuando el webcomic esté terminado subiremos integra la historia aquí o allí.

¡Saludos!


viernes, 9 de diciembre de 2011

Nuevo Webcomic

Hola. Pues de nuevo creo una entrada para anunciar otro de los webcomics que me traigo entre manos y comenzó hace poco, y espero que continué en breve a pesar de esta semana tan vaga que llego. Entre fiestas, frió y demás se le quitan a una las ganas de todo.

He de decir que este cómic quizá no sea apto para todos, por escenas de sexo que contendrá. Ya que será principalmente sexo entre mujeres, aunque a la larga y con lo que se me ocurra, alguna pareja homosexual masculina meteré y por supuesto parejas heterosexuales y lo que surja.

Dejo aquí el resumen y las tres páginas que forman el prologo, para ver el resto próximamente en subcultura


Mirada Salvaje - http://miradasalvaje.subcultura.es/

Cierta mañana la doctora Beatriz se adentró en bosque con su libreta de notas, y un grupo de siete fornidos hombres que le defendieran de las sangrientas bestias mientras ella observaba a las aves. Había una bestia de la que no podrían protegerla



  






martes, 22 de noviembre de 2011

La Lanza de las Bestias - Prologo

Prologo

 El bosque negro era extenso. Y para quien no lo conociera bien quizá aterrador. Los altos árboles de barn se extendían hasta unos cincuenta metros desde el suelo hasta el cielo con sus tallos robustos en forma de espiral. Poseían un tronco de madera lisa y blancuzca que contrastaba a la perfección con las vastas y fibrosas hojas negras en forma de estrella de cinco puntas que coronaban sus copas e impedían que la luz penetrara en el frondoso bosque.

Quizá tan curioso como su población de árboles era el terreno rojo y arcilloso que daba el color de la sangre a Lago Banyr y que estaba cubierto de una variopinta cantidad de plantas y hongos.

Entre el bosque y el lago creaban un ecosistema peculiar de criaturas únicas que no sobrevivían en ningún otro lugar de la Isla de Xam.

Los habitantes de los Picos de Banyr eran quizá los que mejor conocían aquel lugar.
Expulsados hace siglos de la laguna por problemas con el rey, habían terminado habitando los tres pequeños montículos de tierra y sobrevivido gracias a la cercanía del bosque. Al menos eso era ahora. Cien años atrás muchos se habían perdido y muerto allí. O quizá habían sido presa de la legendaria bestia que daba lugar a leyendas desde siempre en la Llanura que cargaba con su nombre. Aquella bestia legendaria era conocida como Banyr.

No se conocía el aspecto exacto de la criatura pues por cada historia contada, este cambiaba. Lo único que se mantenía en todas las leyendas, al menos entre los habitantes de los Picos era que los ojos eran enormes y avellanados, de un negro intenso y les surcaba una pupila en forma de triangulo  del mismo rojo que el Lago. Se decía que tenía el cuerpo cubierto de escamas duras y brillantes como el acero que eran capaces de reflejar todo a su alrededor y crear ilusiones ópticas en los humanos. El tamaño de sus huellas variaba entre los cinco y diez hombres de largo, aunque en un caso u otro serían del mismo modo enormes.

Pero eran solo leyendas. Y de ser real, una criatura tan grande debería ser fácil de ver en el bosque. Aquellas leyendas habían terminado convirtiéndose en cuentos para asustar a los niños de la población y evitar que hicieran excursiones solos al bosque robando las barcas de los mayores.

No solía ocurrir nada excepcional a los ojos de los habitantes humanos, no hasta una noche de mediados de invierno en la que algo pareció explotar de pronto en el cielo nocturno y caer directo al Lago Banyr.



Dejo también el mapa para quien quiera verlo
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En fin me abarco en otra cosa que quizá jamas termine, pero que disfruto al menos imaginando. Se que tengo un montón de cosas empezadas que no se si alguien sigue o no, pero bueno, no escribo porque me lean si no por disfrutar, supongo. Así que al que me lea que disfrute de esto o que al menos no le sea desagradable, el que no, no tengo nada que decirle porque sería usar palabras en vano.

Huntress

sábado, 19 de noviembre de 2011

Cronicas de Eleriem. Capitulo 3 (1)

Tal y como avisamos, en vez de colgar esos caps kilométricos cada mucho, voy a ir subiendo lo que salga cada poco. Mi intención es que sea una vez cada dos semanas. Pero es eso, una intención. no lo deis por seguro. Aunque... ¿Hay alguien que siga leyendo esto? XD


jueves, 27 de octubre de 2011

El Fantasma del Diván IV

El Fantasma del Diván

IV



—¡Vamos ¡Será divertido!

Unas pequeñas y delicados manos se deslizaron entre el hueco que quedaba entre una vieja y mohosa puerta y una tabla clavada de mala manera para cerrarlo. Un sonido sordo, y quedó en manos de una niña entre los siete y ocho años que tras frotarse la nariz con la manga de su blusa rosa para apartarse los mocos dio una patada a la puerta abriéndola de par en par haciendo rechinar la oxidadas bisagras. Tras ella otro niño entró despacio en la abandonada casa. Temblando, mirando cada esquina de la estancia a la que había pasado.

Los muebles estaban cubiertos de sabanas, las sabanas de polvo, y sobre el polvo danzaban las arañas creando telas que casi iba del techo al suelo y que surcaban la habitación permitiendo que se exhibieran como lo que eran: Majestuosas equilibristas.


—¡Larguémonos de aquí! –gritó asustado, haciendo que el eco devolviera diáfana su voz y que la alegre niña riera y corriera habitación adentro pasando la primera puerta.

—¡Ooooh! —entusiasmada se acercó al maravilloso piano que tenia frente a ella, o eso creía. Sonrió al tirar de la sabana creando una nube de polvo, y descubriendo lo que ella deseaba.

Finamente se sentó ante ella y comenzó a pulsar las teclas haciendo una melodía desafinada y sin ritmo ninguno.

Se oyeron pasos a su espalda y después apareció el niño mirando nervioso a todos los lados y temblando.

—En serio, vámonos...

—Eres un gallina —acusó antes de imitar el sonido de dicho animal, saltar del banquito del piano y cogerle del brazo para correr hacia una escalera— ¡Subamos arriba del todo! Siempre he querido verlo.

Arrastrando al asustado niño con ella corrió escaleras arriba sin ser consciente de lo débil que era la estructura, y para cuando lo hizo, ya era tarde. La escalera cedió, el peso de su amigo tiró un segundo de ella hacia atrás antes de que inconscientemente le soltara y dejara caer.

Sería poco decir que se asustó, que estaba nerviosa... y que no sabía que hacer. El polvo no la dejaba ver nada, y solo supo seguir adelante, dejando a su amigo atrás, llorando desconsolada y entrar al diván... estaba lleno de trastos, pero no había una ventana por la que pudiera salir. Y como si de un ratón asustado se tratara, lo unico que quería era escapar. La imagen de aquello quedó grabada en ella, aunque no como había salido.

Para su desgracia su amigo ni vivo ni muerto había logrado salir de allí y enfurecido había logrado su venganza: Devolver el miedo  y la muerte.

Fin

sábado, 8 de octubre de 2011

El fantasma del diván III

El fantasma del diván
III

“De nuevo me he desmayado” Pensó ya sin sorpresa, era la tercera vez, comenzaba a tomar aquello con resignación. Tenía frío, sentía sus muñecas arder por el roce de los opresores grilletes, la sensación asfixiante por la mordaza y ahora también sentía el frió del metal en sus piernas debido a las cadenas que la ataban desde la rodilla a los tobillos. ¿Por qué la pasaba eso a ella? ¿Dónde estaba?

Enfocó la mirada en los objetos cercanos: Juguetes rotos, periódicos y revistas y...

“No puede ser...”

<<  Te equivocas. Sí puede ser  >> La voz del fantasma retumbó por las paredes. Había dejado de ser grave y amenazadora para convertirse en una voz de infante.

De nuevo intento soltarse, pero esa vez era aún más inútil que las anteriores. Miró hacia otro lugar y vio una sombra en la vieja y mohosa pared. Era pequeña...y la reconocía. En sus ojos se vio el terror y la culpa luchando por ganar la batalla entre uno u otro.

<<  ¿Ya recuerdas este Lugar? ¿Ya me recuerdas? >> La voz del fantasma en esos momentos parecía casi acompañada del llanto. Del berrinche de un niño al que le habían quitado algo. << Aquí hace doce años... tú me quitaste la vida  >>

De los ojos de la joven chica comenzaron a manar las lágrimas. Era cierto.

lunes, 26 de septiembre de 2011

El fantasma del Diván II

El fantasma del Diván

II


Cuando despertó, todo estaba en penumbra, la única luz entraba a través de las rendijas de un pequeño respiradero.

El aire de la habitación estaba cargado de un olor metálico, el nauseabundo olor de la sangre. Enfocó la mirada a la puerta y vio como bajo ella entraba el brillante líquido escarlata. En su garganta ahogó un grito de socorro que quedó en un sonido extraño.

En sus gruesos labios había ahora una mordaza.

De nuevo intentó Librarse de los grilletes, pero aquel sonido metálico solo logró atraer los huecos pasos del fantasma que en esa ocasión retumbaron en las viejas paredes como apisonadoras.

<<  Mala chica ¿Quieres cadenas también el los pies?  >>

Palideció y miró en rededor. Allí seguía sin haber nadie, sin haber nada.

“¿Micrófonos?”

<< No, pequeña ¿No recuerdas este lugar? >>

“... Me he vuelto loca” pensó para sí antes de notar como unos gélidos dedos pasaban por su cuello dejando en este una marca rojiza.

<< ¿Ya no reconoces mi voz? >>

Aquella última pregunta resonó por toda la habitación en un tono amenazador que la hizo estremecerse. Notó de nuevo aquella sensación fría en el cuello pero esa vez no eran dedos. Eran un par de manos que la estrangulaban.

sábado, 24 de septiembre de 2011

El fantasma del diván

Hola de nuevo ^_^ hacia tiempo que no subía nada, y como siempre no es para continuar algo si no para empezar algo nuevo, ya que soy incapaz de hacer relatos extensos sin aburrirme de ello voy a probar con relatos de menos de una página de cuaderno que intenten contar una historia (me huele a fracaso como siempre, pero hay que probar)

Saludos, Huntress


El fantasma del diván


I 

Abrió los ojos, a su alrededor había un montón de viejos objetos sucios y desordenados. Miró hacia arriba y ver los grilletes apresando sus manos.
“¿Qué ha pasado?” Pensó antes de comenzar memoria, o al menos intentándolo, ya que lejos de que se sentía aturdida; comenzó a oír unos pasos huecos acercándose a la habitación donde se encontraba.

Asustada dirigió sus ojos hacia la puerta;  vio el oxidado pomo girar despacio; después la luz entrando a través mientras sus latidos se desbocaba y resonaban fuertemente en el interior de su pecho. La luz no taró en remitir ya que una sombra de silueta humana la cubrió durante apenas unos segundos mientras la puerta seguía abriéndose.

Nadie entró.

Aquello la dejó obnubilada. De nuevo la puerta se cerraba y volvía a oir aquellos pasos, se estaban acercando a ella.

La entró el pánico y comenzó a mover las manos en un vano intento de liberarse de los opresores grilletes, solo logró enrojecer sus muñecas por la fricción contra el metal mientras oía los fuertes latidos de su corazón y comenzaba a sentir que la faltaba el aire.

<<  
Tranquila >>;  Le susurró una voz melosa casi al oído. La voz no parecía proceder de ningún lugar en concreto. << No tengas miedo, solo soy el fantasma del diván >>

Era lógico que aquello no la tranquilizara, el miedo la hizo empezar a dar patadas al aire provocando la risa de aquel autoproclamado fantasma, y que su agitada respiración, sumada al esfuerzo terminara en u un desmayo por falta de oxigeno.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Relato

Lo supo en cuanto le vio. Estaba muerto.

Retrocedió unos pasos, temblando y con un nudo en la garganta. Sus ojos azules estaban fijos en el cuerpo tumbado sobre el charco de sangre que había junto a la cama. Tenia la cabeza en una posición extraña, una pierna doblada en un ángulo imposible y el cráneo abierto, dejando que el cerebro saliera al exterior y se desparramara por el suelo. Aún llevaba el pijama puesto, y las sábanas envolvían cadáver, como si se hubiera caído mientras dormía.
Miró a su alrededor, buscando una explicación, una pista, una cámara oculta. Algo. Aquello no podía estar pasando.
Respiro hondo para calmarse, y el metálico olor de la sangre por poco le hace vomitar. Tosió y bajo al salón. Debía llamar a alguien, pedir ayuda. Pero ¿A quien?

La policía no le creería. En realidad, le acusarían a él. Pero... quizá estuviera a salvo en la cárcel. Quizá allí no pudiera pasarle nada. Negó con la cabeza. No. Encerrado sería una presa fácil, como lo había sido el muerto.

Había querido avisarle, pero había llegado tarde... Ahora tenia que correr. Coger todo lo que pudiera necesitar, y huir. Al menos hasta que supiera cómo matar a aquella cosa.

Mientras cogía la escopeta que había en el sótano, oyó que llamaban a la puerta.

- Mierda - mascullo para si, y su voz grave resonó en la oscura y húmeda estancia. Notó que de nuevo aquella cosa se apoderaba de él. - No, ahora no... - murmuró, con desesperación mientras cargaba el arma y subía las escaleras.

Una sonrisa maníaca apareció en sus labios. ¿Y por que ahora no? Eran humanos. El comía humanos. Era un demonio, al fin y al cabo. Si, culparían al humano que estaba poseyendo pero... ese no era su problema.

Abrió la puerta y disparo al policía a la cabeza.

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Bueno, gente, una mini actualizacion de un relato que he escrito en un momento. Se sale bastante de mi estilo, de hecho parece mas de Huntress ¿no os parece? Aun así, me vino en un flash y aquí esta. Lo que no se es si dejarlo así o continuarlo. Ya veré. Espero que os guste, o que al menos, os inquiete un poco.

viernes, 5 de agosto de 2011

Terratros, tierra en caos



Anuncio que tengo un wecomic con el usuario Luffy_the_King de Subcultura. como de costumbre yo dibujo y el pone el guión ^^

Por si queréis pasaros a ver dejo la descripción y direción del Webcomic :D

¡Saludos!

http://subcultura.es/webcomic/terratros

Un mundo donde el pan de cada dia son las luchas de poder entre nobles, el hambre y la muerte, un mundo donde la magia se esta perdiendo hasta limites insospechados tiempo ha, un mundo donde terribles males vuelven a despertar...

domingo, 10 de julio de 2011

Locos de medianoche

Locos de medianoche

II


Miré hacia arriba, y conté los peldaños de aquella enrevesada escalera de caracol. Eran de madera vieja, roída por las ratas y picada por las termitas al igual que las tablas de madera que recubrían la pared de adobe. Dudaba que aquella vieja escalera pudiera soportar a un hombre de mi peso y mucho menos al que me secundaba por detrás cuchillo en mano y apuntado con la afilada hoja de acero hacia mi.

No tenía más remedio que subir, de un modo u otro mi vida estaba acabada.

En cuanto posé uno de mis pies en el primer peldaño el crujido rompió en silencio, el sonido subió escalera arriba y regresó con eco al chocar contra el techo.

Comencé a contar un escalón tras otro sabiendo que con cada crujido me acercaba un poco más al cierre de mi vida. La escalera era irregular, torcida...incluso pasando de los cinco metros de altura según subía tuve que empezar a subir escalones de dos en dos pues solía faltar el del medio o estar a punto de caer.

Posiblemente esta iba a ser la vez que más adrenalina corría por mi cuerpo. La iluminación escasa no me permitía ver. Bajo mis pies aquella insegura escalera y... puedo jurar que se me encogió el corazón cuando al subir a cierto punto la barandilla cedió y cayó con un ruido metálico al suelo y luego el sonido del pesado cuerpo de mi secuestrador.

Con tiento me giré y mire hacia abajo. Los peldaños subidos se habían desprendido junto a la barandilla y la zona en la que yo estaba temblaba peligrosamente amenazando con derrumbarse. Sabe Dios a que se sujetaba para mantenerse aún en pie. Aquello era un milagro o simplemente no era mi momento. Quien sabe...

Comencé a correr haciendo oídos sordos a los crujidos, haciendo ojos ciegos a los peldaños que caían o se partían bajo mis pies.

Los minutos más largos de mi vida fueron la subida que aquella escalera que se derrumbó en cuanto de nuevo tome suelo firme. O al menos un poco más seguro.

Caí de rodillas jadeando, con el sudor frió bañando mi espalda y astillas clavadas en manos y pies. Pero estaba a salvo. Tras unos segundos alcé la mirada y a través de un ventanuco pude ver una preciosa luna llena que había llegado al cenit.

Fui a ponerme en pie, pero me corté con las baldosas sueltas. El dolor fue como una descarga que me hizo frenarme quedando donde estaba. Es curioso como puede acabar una noche en la que simplemente se tiene la intención de tomar un par de copas y echar unas risas.

Suspiré y me tumbé en el suelo.

No había modo de salir de aquel lugar. No había forma de que bajara de nuevo o de salir por aquel ventanuco que estaba enrejado. Y en aquel lugar situado en dios sabe donde era improbable que alguien me encontrara.

Pasaron minutos hasta que me calmé y comencé a recordar.

"Tu serás su comida"


Eso es lo que había dicho aquel hombre antes de llevarme a aquel lugar.

—Comida.... ¿De las ratas? —pensé en voz alta. Grave error. Dos ojos ambarinos aparecieron en uno de los oscuros rincones y una silueta negra se alzó tapando la luz que entraba por el ventanuco. Enfoqué mi mirada en él, retrocediendo por el pánico. Aquel ser tendría unos cuatro metros de altura.

Se movió como una sombra y quedando encima me cubrió con una sustancia pegajosa que endureció en segundos. Fue lo último que sentí justo antes de la mortal dentellada, el dolor, y la oscuridad.

miércoles, 6 de julio de 2011

Locos de medianoche

Locos de medianoche


I


No recuerdo aquellos sucesos pasados demasiado bien, quizá por que el alcohol borró parte de ellos de mis recuerdos…o quizá porque esta es una historia aburrida que realmente ni mi cabeza se molestó en almacenar. Sea una cosa o la otra hoy siento la necesidad de dejarla plasmada para que algún ingrato en un futuro la lea y al igual que yo en aquel tiempo, saque sus conclusiones.

En Aquel tiempo yo era joven, tenía unos orgullosos veintidós años cumplidos, y debido a que provengo de una adinerada familia tenía mucho tiempo libre… —No pueden imaginar hasta que punto— cosa de la que ahora me avergüenzo, pero esa es otra historia supongo, no voy a aburriros con mi juventud, no todavía.

Recuerdo bien la hora, eran las doce y doce minutos, estaba aburrido en uno de aquellos antiguos bares donde todos conocían a todos, y donde podía perfectamente entablar una conversación con el camarero de turno por que prácticamente de niños os habíais pelado las rodillas juntos haciendo las mismas travesuras.

Aquel día era un 24 de diciembre, y por aquellas fechas las familias hacían vida en el hogar, no como ahora, por lo que el bar estaba vació, y de hecho debería estar cerrado. ¿Qué hacía yo allí?... Bueno, digamos que tuve el capricho de querer trabajar, y mi amigo me había cedido las llaves de su pequeño  local para que lo abriera aquel día, realmente se rió de mí y me dijo que tendría suerte si un gato callejero entraba por error allí aquel día.

Es curioso como en aquel tiempo aquel capricho había derivado de una absurda discusión con mis padres, no recuerdo el motivo, el caso es que aquel día dije que no iría a casa, y bueno…a la vista está que no fui.

Eso no son los hechos importantes de estos. Como decía recuerdo bien la hora, a las doce y doce minutos un desdichado hombre con abrigo de pana marrón y unos desgastados pantalones vaqueros entró en el bar. Se sentó en la barra y en silencio me señaló una botella de güisqui. No logré verle la cara, había entrado cabizbajo, arrastrando los pies, frotándose nerviosamente las manos, creí en un principio que por el frió, luego descubrí que le temblaban, pero no pregunté, no había visto aquel hombre nunca, y además era mi primer y único cliente.

—Buenas noches —dije entusiasta mientras llenaba el vaso  frente a él.

No hubo respuesta, ni siquiera alzó la cabeza, sacó un billete de diez mil pesetas y prácticamente arrancó el vaso de mis manos bebiéndolo de un trago.

No recuerdo que pensé exactamente en aquel entonces, pero seguramente igual que ahora haciendo memoria aquel tipo era sumamente extraño. Quizá llegara a pensar que era mudo, porque hasta cinco veces me señaló la botella para que le rellenara el vaso antes de decir una sola palabra, y cuando habló me dejó desencajado.

—¿Qué piensa usted de los asesinos, joven?

En un primer momento no contesté, bueno de hecho tarde minutos en hacerlo, tuve que pasar por un proceso largo para asimilar esa sencilla pregunta.

—Supongo que lo que todos…que deben estar entre rejas.

No se que murmuró en ese momento para si, pero me puso los pelos de punta y mis nervios hicieron que quisiera continuar aquella conversación.

—¿Qué es lo que piensa usted?

Rió a carcajadas y alzó la cabeza por primera para mirarle permitiéndome que viera su rostro, estaba surcado de unas profundas arrugas, que resaltaban aquella mandíbula cuadrada, tenía los labios morados, posiblemente por el frió, y sus cejas estaban unidas por un espeso vello negro en el entrecejo que malamente el hombre ocultaba con su flequillo, sus ojos, de un verde claro, parecían calculadores, fríos, no olvidaré aquella extraña expresión que puso al reír.

—Supongo que lo que todos —contestó con burla y desprecio— ¿No deberías estar con tu familia celebrando la Noche Buena? O más bien en la cama —volvió a reír, sin lugar a dudas el alcohol ingerido ya le había hecho efecto.

—Al igual que usted —respondí molesto ante la burla en su voz.

—Esta noche, ya no tengo familia…

—¿A que se refiere usted?

—Han muerto hoy.

Me dejó pasmado la tranquilidad que utilizó al hablar, no me parecía lógico. Comenzaba a asustarme, y no se me ocurrió otra cosa que beber para darme valor, algo absurdo.

—Lo siento mucho, caballero. Debe estar usted muy apenado.

De nuevo se rió, cada vez parecía divertirse más.

—Para nada, joven, para nada. Yo los maté. ¡Con estas manos! —las alzó ante mi para que las viera mientras decía aquella última frase.

Un escalofrío recorrió mi espina dorsal, no pude más que tomarme otro güisqui.

—¿Acaso usted está burlándose de mi?

—Sin duda, sí, pero también le estoy confesando mi crimen.

Exaltado di un golpe sobre la barra.

—¿¡Se da cuenta usted de que eso es un delito!?

—Por supuesto, y ahora usted pensará que debería estar entre rejas y no bebiendo aquí tranquilamente.

—Voy a llamar a la policía.

—Le mataré si lo hace.

No se que me asustaba más en ese momento, la tranquilidad con la que seguía hablando o la espeluznante conversación en si que estaba teniendo lugar, me arrepentí mucho en ese momento de haber querido trabajar.

No pude más que guardar la calma mientras miraba a mí alrededor buscando algo con lo que defenderme en caso de que aquel hombre se lanzara a por mí. No podía quejarme, había cuchillos, toscos taburetes de madera de roble tapizados en terciopelo negro, botellas y muchas cosas que podía arrojarle, o que creía poder lanzar ya que mis fuerzas por aquel entonces eran limitadas y mi musculatura enclenque. Respiré hondo y trate de mantener de todos modos la situación como estaba.

—¿Por qué me cuenta esto a mí?

—Eres el único pelagatos que hoy tiene el bar abierto a las doce el día de noche buena. ¿Cómo se te ocurrió abrir tal día?

—Sigamos con su tema…

—¿Acaso quieres oír mi historia?

—Tal vez…usted es el único pelagatos que ha entrado en el bar en todo el día.


Volvió a reír y se deshizo del abrigo de pana, la camisa entera estaba teñida de sangre y tenía un pequeño revolver en el bolsillo que había situado al lado izquierdo de la misma que tiraba de la tela hacia abajo haciendo que se pegara más a su piel mientras se secaba.

Aquello me provocó una nausea, en cuanto se deshizo del abrigo el metálico olor de la sangre había llegado hasta las aletas de mi nariz revolviéndome.

—¿Por dónde quieres que empiece?

Me llevé una mano a la boca y nariz intentando esquivar aquel olor, que no era en parte otro olor que el de la muerte, fue inútil.

—Por el principio…por donde si no.

Tomé asiento, aquella noche iba a ser muy larga.